hit
counter
COLUMNAS: La Última...
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
julio 25, 2017

Cárteles y Pandillas

A raíz de lo sucedido el jueves pasado en la delegación Tláhuac, nuevamente comenzó el debate si hay o no hay Cárteles de la Droga en la CDMX. El Jefe de Gobierno mantuvo su postura de que no existen, que lo que hay son pandillas, grupos fuertes.

Más allá de esta discusión, el fondo del asunto es que la organización encabezada por Felipe Pérez Luna, tiene la capacidad de realizar actos de violencia inusitados en la CDMX, como los narco-bloqueos.

Además, manejaba el narcomenudeo en Tláhuac y una zona de Chalco, pero este año se extendió a otras delegaciones cercanas, como Iztapalapa, Tlalpan y Coyoacán, y comenzaba a incursionar en Álvaro Obregón, y en el Estado de México y Puebla.

En pocos meses amplió su mercado de las zonas marginales de la ciudad a las de clases medias y altas, obteniendo recursos para ampliar su negocio y comprar armas. ¿cómo logró todo esto? ¿De verdad en Tláhuac nadie se dio cuenta?

Desde 2014 la demarcación sufría una violencia sistemática, las extorciones, los secuestros, las golpizas estaban al orden del día, ejecuciones de líderes de taxistas y ambulantes que se negaron a pagar, cuerpos embolsados, balaceras, Tláhuac dejo de ser una zona segura a un territorio de horror.

Se incrementaron los moto-taxis que servían para labores de halconeo y distribución de enervantes. Aparecieron casas de lujo, camionetas imponentes en una zona donde la pobreza es marca registrada.

El narcomenudeo es la parte más salvaje y violenta del negocio del narcotráfico, que se asocia gradualmente con robo, extorsión y secuestro. Los narcomenudistas en el país no controlan territorios, pero amenazan a las comunidades.

Para ellos no existen las mínimas reglas, no son estrictamente “profesionales” y no les importa a quién ponen en riesgo ni a quién matan. Por eso es muy irresponsable minimizar la presencia de los narcomenudistas, porque no son los grandes cárteles, es no darle la justa dimensión a lo que pasa.

No es un cártel de grandes dimensiones, pero los narcomenudistas tuvieron en vilo a una amplia zona de la capital. Los medios desarrollaron una cobertura poco usual y entre camiones incendiados y bloqueos, en acciones propias de delincuentes, la ciudad vivió escenas inesperadas y atemorizantes.

Pero la porquería no se limita a las calles, llega hasta la jefatura delegacional, donde el morenista Rigoberto Salgado, dijo que no sabía lo que pasaba en su demarcación, un lugar donde habitan 360 mil personas, con todo respeto, que en su pueblo.

Hay datos que muestran la colusión de Salgado y su familia con el narcomenudeo en la zona.

De entrada, este personaje era el director de seguridad cuando tres federales que investigaban la venta de droga, fueron linchados a nivel nacional. Su vida política está ligada en tiempo y forma a la Pérez, incluso hay denuncias de que este delincuente financio su campaña.

Pero además los mototaxistas que participaron en los bloqueos son controlados por el hermano del delegado, hablamos de Roberto Salgado.

¿Que dirá MORENA? ¿Se deslindará de este personaje? ¿Argumentara de nuevo la cantaleta de la Mafia del Poder?

El Cartel de Tláhuac efectivamente no tiene las dimensiones del Cartel de Sinaloa o el CJNG, pero si creció de forma exponencial en siete delegaciones, llegó a disputar el liderazgo al cartel de La Unión Tepito, y forzó que Miguel Mancera dejara de lado el interés político y pidiera el apoyo del Gobierno Federal.