hit
counter
COLUMNAS: Vaivén Político
Miguel Luna
Miguel Luna
Reportero y cronista radiofónico
enero 3, 2019

El EZLN

“A 25 años del levantamiento armado en Chiapas, las cosas cambiaron para seguir igual”.

Nos citaron a las cinco de la mañana. El objetivo era salir lo más temprano posible. El camino a la Selva Lacandona se esperaba largo y complicado.

Agosto de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) celebraría su Convención Nacional Democrática (CND) en la comunidad de Aguascalientes, ubicada en lo más recóndito de la selva chiapaneca. Asistirían seis mil delegados, entre políticos, líderes de izquierda, organizaciones de la sociedad civil, activistas y periodistas. Por primera vez, desde el levantamiento armado, el 1 de enero, gente ajena al movimiento entraría a las entrañas de la guarida de los zapatistas.

Más de 700 representantes de los medios de comunicación, de 21 países; y 200 visitantes y observadores, seríamos testigos de este insólito e histórico acontecimiento. Reporteros nacionales e internacionales, llegados de todas partes del mundo, estábamos listos para esta aventura.

La caravana de cerca de 200 vehículos, entre autobuses y microbuses, partió una hora después de la cita. De San Cristóbal de las Casas al punto de reunión zapatista se esperaba un trayecto de seis horas, que se prolongó por más de 24 horas, dados los contratiempos que nos encontramos en el camino. 24 horas por caminos sinuosos, enlodados y estrechos.

El lento avance de los autobuses que iban a la vanguardia por momentos era desesperante y el recorrido no estuvo exento de incidentes, descomposturas y hasta accidentes. Una de las unidades se desbarrancó.

Para asistir a la reunión zapatista había que acreditarse con semanas de antelación y cumplir con los requisitos establecidos por el EZLN.

Prácticamente todo estaba prohibido y nada estaba permitido. A la Selva Lacandona no se podía ingresar con teléfono celular (de cualquier manera, era difícil que en dicho lugar hubiera señal) y mucho menos con teléfono satelital, -que los reporteros de guerra usaban en sus coberturas para hacer sus transmisiones-. Serían al menos tres días incomunicados, alejados completamente de la mano de Dios.

Desde la montaña del sureste mexicano, el subcomandante Marcos dejó en claro que esta convocatoria era de un grupo de hombres y mujeres sin rostro, armado, ilegal y en rebeldía contra el supremo gobierno. El propósito: reiterar al pueblo de México y al mundo entero: “Para todos todo, nada para nosotros”. En su elocuente discurso dejó en claro que la CND se convocó para impulsar la propuesta de un gobierno de transición y una nueva Constitución; lograr el cambio democrático de México.

Después de tres días de intensos debates, en los que los convencionistas y periodistas no estuvimos exentos de enfrentar las duras condiciones climáticas de la selva, se llegó al acuerdo de que la lucha por la transición democrática debería darse únicamente por la vía pacífica.

Ese postulado lanzado en la selva chiapaneca, en medio de la tregua de una guerra desigual, se ha cumplido en parte, se ha logrado transitar a una democracia cada vez más plena. Lo que no se consiguió, lo que no se logró, es hacerle justicia a los que tienen el color de la tierra.

Por cierto….

Gasolinazo o inflación. En el sexenio de Enrique Peña Nieto los incrementos anuales y mensuales al precio de los combustibles eran llamados por la oposición como “gasolinazos”. Ahora que la oposición (Morena) es gobierno, los aumentos a los combustibles ya no son “gasolinazos” sino simples ajustes derivados de la inflación. Aunque parezca increíble, la Cuarta Transformación sí está dando resultados. Supongo que las ejecuciones y ajustes de cuentas entre bandas del crimen organizado también cambiarán de nombre a simples homicidios dolosos.