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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
mayo 21, 2018

El Legado Peña

México NO tiene un futuro promisorio, la herencia de Peña Nieto será maldita en temas torales para la calidad de vida de los ciudadanos si a esto le agregamos la calidad de los candidatos a la Silla del Águila, la cosa se pone peor.

El contexto y tono en que se han desarrollado las campañas preocupa porque revela que los diagnósticos con que cuentan los suspirantes respecto de los grandes problemas nacionales, responde sólo a su visión de país. Y al ser visiones unilaterales, conducen a una pésima implementación.

Lo anterior ya ocurrió en las últimas administraciones. En el sexenio encabezado por Felipe Calderón, se inició una ofensiva en contra del crimen organizado, la cual, se implementó sin tener un diagnóstico apropiado respecto de las estructuras financieras, sociales y criminales de las bandas de narcotraficantes, sin reconocer la expansión de las otras formas de violencia.

Hoy una nueva ola de violencia recorre el país. Pero no es sólo la que es promovida y ejercida por el crimen organizado.

¿Frente a qué estamos? Esta pregunta debe ser planteada con humildad y honestidad por todos los candidatos, más aún, debe ser reflexionada con el cuidado requerido durante la campaña, y posteriormente, en un diálogo abierto y mesurado con quien gane, continuar profundizando en sus aristas y consecuencias.

El diseño de una política pública frente a estas formas y dimensiones de la violencia, exige de prudencia, de una auténtica comprensión que permita romper con la lógica imperante de la política pública relativa a que sólo puede resolverse aquello que puede medirse. En ese sentido es válido preguntar: ¿cuáles son los indicadores para medir las consecuencias de un linchamiento en una comunidad? ¿Cuáles, para dimensionar el miedo en una comunidad en la que son desaparecidas familias enteras, incluidas niñas y niños, que luego son encontrados muertos?

En la presente administración, se asumió que la falta de crecimiento económico se debía, fundamentalmente, a la ausencia de reformas estructurales. Se decía que con ellas creceríamos a niveles mínimos de 5% anual del Producto Interno Bruto. No ocurrió así: la inflación se disparó y la inversión pública y privada se colapsó, llegando a niveles mínimos históricos.

Es un riesgo para el país asumir que ya se sabe todo, que se tienen las respuestas y que sólo es necesario llegar al poder para implementar sus propuestas.

Se ha asumido sin más, que el gran problema social del país es sólo la pobreza y no es cierto, ésta es resultado de las condiciones asimétricas de acceso al poder y los recursos, es decir, la desigualdad de oportunidades en lo individual, y la desigualdad estructural generada por los mecanismos torcidos de distribución de la riqueza que operan en el país.

Desde esta perspectiva, quien gane la Presidencia de la República, deberá convocar de manera urgente a un diálogo nacional necesario que permita identificar las prioridades y, sólo entonces, avanzar hacia las reformas jurídicas, normativas y reglamentarias requeridas, para impulsar la nueva generación de políticas públicas que México necesita para el desarrollo social y la inclusión de todos al mismo.