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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
abril 10, 2018

El menos malo

La contienda por la Presidencia de la Republica se mantiene como empezó, sin grandes cambios, con poca inteligencia, propuestas superficiales a problemas graves, y una ciudadanía cada día más decepcionada.

AMLO se mantiene a la cabeza sin gran esfuerzo, favorecido por el enojo de la gente contra el Gobierno federal, y la poca o nula capacidad de sus rivales por entender de qué se trata una campaña electoral.

El tabasqueño juega a la actitud y discurso de que ya gano, de que toda esta definido, incluso muchos de sus discursos van encaminados a cerrar heridas con peña nieto, marcan la agenda del día.

Habla de una transición en calma, siempre y cuando no haya fraude, de cómo será su relación con Donald Trump, que lo dejen negociar el TLCAN, etc. El ex jefe de Gobierno es un político con un colmillo largo y retorcido sabe cómo decir las cosas, es una marca registrada de la polaca, les dice cómo y cuándo a sus rivales.

En lo que puede estar equivocándose es que si quiere que comiencen a verlo como presidente tiene que comenzar a comportarse como tal, esto significa sobre todo dejar de ser acomodaticio, mandar mensajes claros y tener un discurso coherente.

Lo que sorprende es que haya ciudadanos que lo ubiquen como un personaje progresista o factor de cambio cuando muchas de sus ideas van en sentido contrario. Después de escucharlo con detenimiento, me queda claro que a Andrés Manuel le preocupa más lo segundo que lo primero. Más el cómo que el qué.

No cuenta con un programa de gobierno o por lo menos no lo dice ni explica, hasta hoy la base de su discurso es la confianza en sí mismo y en la fuerza de su ejemplo. Lugares comunes que generan incertidumbre o no satisfacen más que a sus fieles.

Si nos atenemos a lo que hizo en el DF, el puntero sale perdiendo. Gobernó el DF por casi cinco años y no fue precisamente una administración ajena a la corrupción, a la inseguridad, a la opacidad, a los tratos con la mafia del poder o a las decisiones que él hoy llamaría autoritarias porque no se consultó al pueblo.

Lo decepcionante que fue el PAN en los pinos y que en este sexenio los priistas fueron más priistas que nunca, son las principales razones de su ventaja ante dos rivales que entre más avanza la contienda peor se desempeñan, no entienden que no entienden.

Ricardo Anaya no emociona. Es plano, aburrido, repetitivo y muy pero muy lejano de los intereses y las emociones de los votantes. Se le olvida que el puesto en disputa es el de presidente de la república y no el de director de sistemas de una empresa de innovación.

Sus asesores en donde hay de chile, dulce y manteca, ya tendrían que haberle dicho que el voto NO es racional sino emocional.

Meade, caray, pepe, ya uno no sabe que decir, su idea de 7 de 7 fue excelente, pero…el problema ya ni siquiera son sus carencias como candidato, sino de quien es el candidato, de un gobierno corrupto, superficial, cínico, tramposo. Supongamos que sean verdad todas las virtudes que se le achacan al eficaz funcionario, que lo dudo, al final formo parte esencial de una administración que será recordada por la Casa Blanca, Ayotzinapa, etc.

Sin embargo, el todo el día promete que desde la honestidad conducirá el barco a buen puerto. Pero buena parte de su tripulación son piratas consumados, al igual que el peje hay que decirle, que un honesto, incluso dos, no salvan a Sodoma y Gomorra de la destrucción.

La campaña presidencial es la del desaliento. Inicia con un país de ánimos decaídos y el decaimiento es sobre todo decadencia, el ir a menos de un sistema de partidos empantanado en la ausencia de méritos y su vocación depredadora del poder.

Estamos urgidos de políticos que sean ante todo éticos en su actuar y en su decir; que sean ejemplares y capaces de renunciar al pragmatismo y búsqueda del poder a toda costa y, prácticamente, a cualquier costo, sólo así la vida en democracia puede germinar en aras de una sociedad de bienestar y libertades generalizadas.