hit
counter
COLUMNAS: La Última...
Maca González
Maca González
Enero 30, 2017

El Tigre y El Aprendiz

El Tigre y El Aprendiz.

El Gobierno de Enrique Peña Nieto, confirma las palabras de su canciller, está aprendiendo como tratar a un personaje al que los convencionalismos políticos le vienen guangos. Lo malo es que en ese proceso quedo muy mal parado.

Apenas el viernes pasado se anunció con bombo y platillo que Peña había llamado a Trump por teléfono, que duramente 60 minutos limaron asperezas, que acordaron no hablar públicamente del muro y su financiamiento, algo que no sé qué tan positivo puede ser, en realidad me parece bastante cuestionable pero, el asunto es que este fin de semana la Casa Blanca como ya es una triste costumbre rompió su promesa, y mando al segundo hombre fuerte del Trumpismo a reiterar México pagara el insultante muro.

Reince Priebus, el poderoso jefe de gabinete, fue muy claro hay “una amplia gama de opciones” para que México pague el muro, las cuales podrían incluir impuestos a productos transportados en la frontera, impuestos a importaciones y exportaciones, o multas a narcotraficantes o a personas

Pobre Peña Nieto tan lejos de la sensatez, de la dignidad que se requiere en estos momentos, y tan cerca de Luis Videgaray, que con tal de ser el próximo dueño de la Silla del Águila, es capaz de anteponer cualquier cosa, un personaje que nos recuerda a Jose Cordova Montoya, el oscuro secretario de Salinas y asesor de Zedillo. Que acumulo tanto poder, que traiciono a un presidente en funciones.

En la negociación con Trump ha imperado el miedo, la debilidad, de un gobierno que no cuenta con la autoridad moral para lograr unidad. Su primer error ha sido dejarse intimidar y ceder a los instrumentos y los procedimientos que regulan las relaciones entre los Estados: la diplomacia, que con el suigeneris vecino, ya no funciona.

La improvisación ha sido el mejor aliado de la puesta en escena y los golpes de efecto con que Trump quiere cambiar la relación en la frontera y mandar un mensaje al mundo de sus políticas nacionalistas y proteccionistas para promover los “intereses de Estados Unidos primero”.

El Presidente norteamericano es un heredero que se convirtió en político, pero que sobre todo es un showman que genera un aura de riqueza y éxito, que lo mismo habría aceptado la candidatura demócrata si se le hubiera ofrecido, que está buscando constantemente la siguiente temporada del show. Es un Presidente atípico, y así debe de ser tratado. No se mueve en la arena del debate o la discusión de las ideas.

No quiere negociar, ni entender a México para colaborar como vecinos, ni la estabilidad de nuestro país, o los beneficios del comercio. No tiene el menor interés en conservar los empleos de los estadunidenses, ni tampoco quiere que las armas dejen de fluir a nuestro país. No hemos entendido nada en estos 18 meses. Lo que Donald Trump quiere es la humillación pública de México, para seguir generando unidad entre la clase más rabiosa de Estados Unidos en torno al combate de un enemigo común y externo: nosotros.

Porque al final, su bravuconería, el muro, las amenazas de deportaciones masivas o sugerir nuevos impuestos y tarifas contra nuestras exportaciones son malas noticias para México. Pero también son malas noticias para Estados Unidos.

Por eso de todo el ramal de locuras que anuncio, la más grave y preocupante es la intención de instalar un estado policiaco en Estados Unidos para perseguir o deportar migrantes. Por ello, no sorprende la valiente respuesta de más de un gobernador y alcalde en defensa de las llamadas ciudades santuario: criminalizar a la población migrante no sólo tiene graves y serios efectos en el bienestar de millones de personas, sino que también produce grandes pérdidas económicas.

El muro es un símbolo de esa sumisión que tantos estadunidenses están esperando. Y con ello en mente, tenemos que entender la nueva relación de Estados Unidos con nuestro país. Usar la razón frente a la megalomanía no tiene mucho sentido.

Peña Nieto tiene la oportunidad de redefinir su sexenio: Si quiere, puede pasar a la historia como el Presidente que enfrentó uno de los mayores retos externos que ha tenido el país. Por ello, sería lamentable utilizar este momento como una cortina de humo para que las prácticas de la política se mantengan tal cual. La oportunidad pinta para un cambio genuino.

Aunque tristemente no creo que nuestro primer mandatario tenga la estatura para este momento.