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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Agosto 7, 2017

Entre el Gorila y El Bruto

En los últimos días dos nombres han estado en las mesas de discusión, Donald Trump y Nicolás Maduro, presidentes de EUA y Venezuela respectivamente, que mostraron su rostro más autoritario en la relación con el Gobierno Mexicano.

The Washington Post filtro una llamada entre el empresario y Enrique peña Nieto, en donde confirmamos que nos ve y trata como patio trasero. Durante toda la charla deja ver su tono arbitrario, amenazante, autoritario e insensible.

De nuevo el mandatario mexicano salió mal parado, quedo la imagen de un personaje débil, poco firme ante este bravucón de barrio, aunque en lo personal pienso que Peña respondió de la mejor manera que pudo.

La publicación de la llamada, abrió la puerta para que Nicolás Maduro, se cobrara las críticas del gobierno priista a la insultante y dictatorial Asamblea Constituyente, el gobernante que habla con los pajaritos tildo de empleado de Trump , de cobarde y débil, que le daba vergüenza.

La respuesta vino de Luis Videgaray, ¨Presidente @NicolasMaduro: cobarde es quien usa el poder del estado para desmantelar la democracia y arremeter contra su propio pueblo”. Escribió el Canciller en Twitter.

Maduro y Trump son muy parecidos, dos tipos autoritarios, soberbios que piensan que están por encima de la ley, a los que les estorban las instituciones, parte de una estirpe que gana terreno en el mundo, por sorprendente que esto parezca.

Mediáticos, saben convencer a sus huestes, aprovecharse del rencor social, de los miedos, no es que nieguen que están violando derechos, lo que dicen es que pueden violar derechos porque de alguna manera están empoderados por el pueblo.

Verdaderos populistas autoritarios quieren utilizar su mandato democrático para socavar el Estado de Derecho. Y lo consiguen si no tienen contrapesos fuertes. ¿Se imagina a Trump en caracas? ¿De verdad no haría lo mismo que Maduro?

Ambos manejan en su discurso la Xenofobia, el cierre de fronteras, el nacionalismo cómplice, perdón, pero hablar de cierres de fronteras, visas y muros, es hacer un viaje al pasado. Es un discurso que va en contra del proceso de globalización en el que se sumergen los mercados, las poblaciones y las culturas.

Descalifican a todo aquel que no esté de acuerdo con sus ideas, La rebeldía y falta de respeto a todo lo que los contradiga es otra característica, basan su comunicación en la explotación emocional.

Las democracias se enfrentan hoy, como en los años treinta, a su peor enemigo, su enemigo interior, el populismo, socavadas por la inestabilidad de las clases medias, las presiones deflacionarias, la polarización agudizada por la revolución digital, la reducción de la movilidad social, la pérdida de referentes culturales, el miedo a la inmigración, la amenaza del yihadismo y la deriva autoritaria de ciertos Estados.

Veintisiete años después de la caída del muro de Berlín, del final de los bloques y las fronteras económicas, vuelven a cuestionarse el libre comercio y el multilateralismo y están en alza el proteccionismo, el nacionalismo y la xenofobia.

El famoso antisistema, aprovecha la crisis política se fraguó durante las últimas décadas en la progresiva desconexión de los partidos de la ciudadanía: en su incapacidad para articular los intereses de aquéllos a quienes decían representar.

Trump y maduro son dos personajes emblemáticos de esta forma de hacer política, aunque sus orígenes sean distintos, su forma de actuar es similar.

Y en Medio un pequeño político, un personaje denostado, arrinconado por sus propias corrupciones, intereses e incapacidades, el presidente Peña.