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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
noviembre 26, 2018

Futbol, política y narcotráfico

La suspensión de la final de la Copa Libertadores entre River plate y Boca Juniors va más allá de actos de vandalismo o errores policiales. Muestra hasta dónde las famosas barras se han transformado en grupos delictivos, pero sobretodo la vergonzosa simbiosis de autoridades con la delincuencia. Un vínculo obsceno entre el poder político y el delito.

Mauricio Macri actual inquilino de la Casa Rosada fue presidente de Boca, puso en su lugar al empresario de Casinos Daniel Angelici, quien controla a funcionarios de seguridad de Buenos Aires. Cada vez que la Barra Brava del equipo Xeneize se mete en un problema, este se resuelve mágicamente. Este grupo ha mutado de los cánticos a controlar barrios enteros, a controlar políticos, sindicatos. Entre sus integrantes hay gente que estuvo presa por homicidio.

Cristina Kirchner, anterior presidenta de Argentina, fue una de las principales defensoras e impulsoras de las Barras. Incluso trabajos periodistas mostraron el apoyo financiero que su administración les brindo. Estos grupos le garantizaban dominio territorial, agredían mítines de políticos rivales, se movilizaban por votos. La disputa por el poder que protagonizaron las barras de la mandataria, dejo más muertes que nunca en los estadios.

Pero falta un tercer personaje, Hugo Moyano, poderoso dirigente sindical, algo así como un Elba Esther Gordillo, Romero Dechamps, Fidel Velázquez. Su yerno preside el club independiente, cuya barra se ha visto involucrada en extorsiones laborales, represión y desapariciones de voces disidentes.

Ejemplos en Argentina hay muchos, recientemente en segunda división, la barra brava de All Boys intentó entrar al vestuario de los jugadores visitantes para golpearlos. Los policías huyeron de forma vergonzosa. El clásico Rosario Central y Newell’s Old Boys, se jugó sin espectadores, para evitar muertos. Las barras bravas de los tres clubes están dominadas por el poderoso narcotráfico local. Nadie los molesta: tienen protección.

La disputa rosarina por el control territorial de las zonas de narcomenudeo entre Los Monos y Los Garompas es en realidad una derivación de la disputa entre las barras bravas de Newell’s Old Boys y Rosario Central.

En varias transferencias de jugadores argentinos, verdaderas operaciones de lavado de dinero, estuvo involucrado el Cártel de Sinaloa.

 ¿Por qué el fútbol y el narcotráfico se vinculan tan estrechamente en Argentina? El fenómeno de los “barra brava” es típicamente argentino, el más violento y peligroso del mundo según InSight Crime. Conforma agrupaciones férreas, jerárquicas y cohesionadas tras la cultura del aguante, un ejército eficaz para el control del mercado de consumo de drogas, convirtiendo a los “barras bravas” en unidades de negocios (entradas, trapitos, transferencias y droga). Este carácter, organizacionalmente centralizado y territorialmente diseminado, coincide con el perfil ideal de un cártel de consumo.

¿Por qué la política argentina se relaciona con los “barra brava”? Al igual que todo grupo de narcotráfico en el mundo, las hinchadas proveen servicios ilegales de seguridad, siempre necesarios para el disciplinamiento político del descontento

En eso se convirtieron estos grupos de animación, en un poder de facto, protegido, mimado por la clase política.  ¿Queremos lo mismo para México? Ojalá los dueños de clubes se den cuenta el cáncer que significan para la estabilidad de un país, de una sociedad y dejen de fomentarlas.

Para nadie es un secreto quiénes son los apellidos que manejan nuestro futbol, gente muy poderosa, pero también políticos, gobernadores, quienes han sido señalados de vínculos con los cárteles.

Los dueños del balón deberían verse en el papel del Gobierno al que han sometido, pensar que en un entorno de violencia y marginación social como el que vivimos, puedes controlar a grupos violentos, es de una candidez inaceptable.

Por años las autoridades del futbol mexicano han hecho caso omiso a la violencia que se ha generado Gabriel Regino, ex subsecretario de Seguridad, comentó en su momento que grupos como La Monumental y la Rebel, son integrados por pandilleros y narcomenudistas que trasladan incluso su rivalidad al estadio, poniendo como pretexto el amor a una camiseta. Y lo mismo pasa en Nuevo León donde integrantes de las barras de Tigres y Monterrey son señalados por pertenecer a grupos de extorsionadores o sicarios.

La violencia en el fútbol es el resultado lógico de esta convivencia tripartita que dirime el control ilegal del territorio amparada en protecciones y coberturas políticas, que mediante las muertes dominicales redefine las líneas territoriales, los liderazgos y las reglas de juego, todo amparado por el Estado.