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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
julio 12, 2018

Hacer historia

Durante 18 años Andrés Manuel López Obrador, ha repetido en infinidad de ocasiones que él no busca el poder por el poder, que lo que desea es estar a la altura de personajes como Francisco I madero, Benito Juárez y Lázaro Cárdenas. Hoy millones de mexicanos, 30 para ser exactos le da esta oportunidad.

Cierto, cualquiera que no se dejara llevar por la viscera o el prejuicio sabía que el tabasqueño iba a barrer con Meade y Anaya, pero nadie imagino el tsunami electoral del 1 de julio a favor del partido MORENA que logró el control de ambas cámaras en el Congreso, además de una tajada enorme de gubernaturas y congresos locales.

AMLO ganó en todos los segmentos de edad y en todos los niveles educativos. Entre quienes tienen estudios universitarios o más, obtuvo el 55 por ciento de los votos. Triunfó en todos los estados, excepto en Guanajuato.

No es verdad, que este triunfo nos remonta 30 años atrás, que regresamos a la época dorada del PRI. Hay diferencias claras, en ese entonces las elecciones no eran competidas, ni había un árbitro imparcial ni los ciudadanos se hacían cargo de las casillas ni se contaban los votos. Hoy es la gente quien decide darle todo el control a su candidato.

¿Qué ofreció que fuera novedoso? Nada, incluso su campaña fue bastante mediocre, con su ya conocida narrativa contra la corrupción, contra la desigualdad, sin embargo, tuvo a su suerte la debacle de la partidocracia. Supo entender el hartazgo de la gente con los políticos de siempre,Se presentó como una opción, como algo diferente, un personaje fuera del sistema, del status quo, mostro su excelente capacidad de comunicación política.

Cierto el próximo presidente dista mucho de ser un anti-sistema, pero no compitió por el PRI y el PAN dos marcas muy desgastadas, sin credibilidad.

Tendremos un Presidente y un partido que dominarán ampliamente el poder político durante los próximos seis años. Y todo el poder es toda la responsabilidad. Podrá cambiar las leyes sin preocuparse por la oposición ni por su coalición. Reformar la Constitución será algo más complicado, aunque debido a la debilidad de la oposición el camino puede sortearse.

El presupuesto federal regresará a ser una decisión del Ejecutivo. Los gobernadores no tendrán fuerza para resistir cambios de fondo en la creciente distribución de recursos hacia las entidades.

Este poder, bien usado, puede validar las esperanzas de quienes votaron por AMLO. Mal usado, puede llevar a políticas absurdas y a una centralización asfixiante. Todo el poder es la oportunidad de enfrentar vicios históricos. Pero conlleva también el riesgo de replicar los peores errores del PRI hegemónico de los años setenta.

¿Qué hará Andrés Manuel con ese poder? Todos los caminos parten de y conducen a él. La propia indefinición política de Morena, favorece a su liderazgo; a falta de lineamientos o posicionamiento doctrinario todo depende de la voluntad del dirigente.

Las expectativas son equivalentes al riesgo de frustración, principalmente en dos promesas que marcaron su ascenso en el voto: pacificación y anticorrupción.

¿Hasta dónde usará el bono democrático para responder a la voluntad de cambio?, es otra pregunta que se hacen organizaciones civiles frente a su rechazo a una reforma constitucional para la autonomía de la nueva Fiscalía General.

El exgobernador neoyorkino, Mario Cuomo, decía que “se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa”. Pues bien, llegó el momento de que el lopezobradorismo pase de su eficaz ejercicio poético que cautivó al electorado a la prosaica labor de gobernar un país tan complicado como México.

Seamos claros las cosas no van a cambiar por arte de magia; pero en cada una de sus decisiones, el nuevo gobierno mostrara su perfil, el México que desea construir, hasta hoy hemos notado con agrado que existe un deseo de dar respuesta inmediata a las demandas de la población, sobretodo dos: seguridad y pobreza.

La Historia lo espera, AMLO decide como quiere que su nombre sea escrito