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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
abril 18, 2017

Justicia Tricolor

Finalmente cayó Javier Duarte, una detención que ha generado muchas reacciones, comentarios y que sin duda arroja varios análisis.

Se encontraba, como había dicho la PGR en Centro-Americana, pero no estaba en ningún cuartucho, bajo tierra, ni mucho menos, al igual que Yarrington se encontraba en un lugar de lujo, que la mayoría de los mexicanos no podemos pagar. ¿Cinismo? ¿Complicidad?, lo cierto es que para alguien que es buscado por la policía internacional, ninguno de los dos se veía muy preocupado. El exgobernador de Tamaulipas, tenía una demanda penal desde 2012 y caminaba por las calles de Florencia.

Esto nos lleva al papel del Gobierno Federal. Cuando era candidato Peña Nieto presumió a Javier Duarte, Cesar Duarte, Roberto Borge como parte de un nuevo PRI, ese que movería a México, los tres hoy son ejemplo de una corrupción asquerosa. ¿Pero que tanto los dejo hacer el presidente? ¿De verdad al interior de los Pinos, del PRI, no hubo nadie que le advirtiera de los delincuentes que estaban en el poder? ¿De los Saqueos?

Claro que sí, pero Peña no quiso actuar, dejo pasar, dejo hacer, permitió uno de los saqueos más vergonzosos de nuestra historia reciente, y mire que hay cada caso.

Rodrigo Medina, Javier Duarte, César Duarte, Roberto Borge, Gabino Cué, Herrera Caldera, Guillermo Padres e incluso el del fiscal Édgar Veytia, son evidencia de cómo la Federación se dedicó sólo a ver. Todos pudieron haber sido atraídos; Sin embargo, no fue así y cuando lo intentaron era tarde o las denuncias no estaban bien presentadas.

Si hoy la PGR, el PRI, Los Pinos hablan de combatir la corrupción, de poner orden pero lo hacen cuando ellos fueron quienes lo permitieron. Con estas capturas más que limpiar al partido o al sistema político intentan sobrevivir abanderando un supuesto combate a la corrupción, esto es solo justicia PRIISTA.

Pasemos a los Gobernadores, se mueven como se les antoja. Se puede presentar todo tipo de denuncias en su contra, pero como tienden a ser una especie de virreyes no hay quien los toque. Vea lo que pasa con Graco Ramírez en Morelos, quien ordeno que la policía allanará la casa de una anciana para quitarle a sus perros.

En el fondo no se trata del amor a los animales, sino a que la dueña de estos estaba amparada, a que no había ninguna orden judicial, todo esto el señor que en su delirio feudal quiere ser presidente, se lo paso por el arco del triunfo, mando al diablo las instituciones para sus fines personales. Y a parte utilizó recursos públicos. (Policia) que deben estar en otro lado para cumplir sus caprichitos.

O el caso de Cuauhtémoc Blanco, quien se atrevió a enfrentarlo, ahora resulta que el célebre jugador hasta narco y asesino es, ¿de verdad es tan burdo el perredista, heredero de la ridícula izquierda mexicana?

Y como este señor, casi todos los Gobernadores, piensan o se creen dueños de los estados, violentan la ley a su antojo, de la forma más grosera posible, porque saben que mientras estén en el poder nadie los tocara, se envilecen de tal forma que piensan en que su impunidad ira más allá de su administración, que todo depende de quién quede y como quede en su lugar.

Nadie pareciera que les puede exigir rendición de cuentas y transparencia, y si un juez abre un caso resulta que ya andan en plena fuga, no sin antes presentarse ante los medios para asegurar que van a “limpiar su nombre y el de su familia”. Patrañas.

No hay mecanismos efectivos de control para que se someta a los gobernantes a la transparencia y la rendición de cuentas, y cuando éstos están en la ley le dan de vueltas con complicidad del entorno.

Veracruz es un ejemplo más de cómo un gobernante pasa del mundo de los virreyes, en que se erige y lo erigen, al mundo terrenal, al que cae en medio del escándalo y acusaciones de toda índole.

Es la suma de errores y horrores. Es la corrupción, la complicidad, el siempre peligroso y riesgoso dejar pasar, las luchas por el poder que tienden a confundirse con denuncias serias y profundas dignas de atención y la soberbia de los gobernantes.

Todo seguirá igual mientras no haya rendición de cuentas ni transparencia ni se acaben la simulación, la impunidad ni la terca corrupción. Es decir, veremos la misma película con diferentes protagonistas.