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COLUMNAS: Vaivén Político
Miguel Luna
Miguel Luna
Reportero y cronista radiofónico
marzo 13, 2018

La venganza de Peña

Iniciaba el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y todo era miel sobre hojuelas. Eran los tiempos del Pacto por México. PRI, PAN y PRD acordaban impulsar las reformas estructurales que el país necesitaba.

Fueron meses de intensas negociaciones que se dieron durante la transición de un gobierno a otro, y en las que los partidos de oposición dejaban en claro sus diferencias con la nueva administración, pero aceptaban ir juntos en diversas iniciativas.

Los dirigentes de Acción Nacional, Gustavo Madero, del PRD, Jesús Zambrano y del Partido Revolucionario Institucional, Cristina Díaz, firmaron el documento, mediante el cual se comprometían a sacar adelante las Reformas Educativa, de Telecomunicaciones y Hacendaria.

Sin embargo, una vez aprobadas por el Congreso dichas leyes, comenzaron a surgir en el gobierno de Peña Nieto diversos escándalos de corrupción que fueron escalando conforme avanzaba el sexenio.

Del presidente de las Reformas Estructurales, el primer mandatario pasó a ser el presidente de uno de los gobiernos con más casos de corrupción.

El propio Jefe del Ejecutivo y su esposa, Angélica Rivera, estuvieron señalados en un hecho más que emblemático, el asunto de la Casa Blanca. Una propiedad, ubicada en Lomas de Chapultepec, que supuestamente fue construida con dinero de la ex actriz de Televisa y cuyo costo en el 2014 era de 86 millones de pesos, equivalentes en ese entonces a siete millones de dólares.

A este escandalo surgieron otros, principalmente de gobernadores del PRI que desviaron millonarios recursos y se enriquecieron al amparo del poder.

Al tiempo que ocurrían estos hechos, en el Partido Acción Nacional, un joven con mucho ímpetu y ambición de poder hacia su aparición en la escena política y subía como la espuma. Con un discurso fresco y basado en diversas alianzas y traiciones Ricardo Anaya se apoderaba poco a poco del PAN y de su dirigencia, desde donde armaría su estrategia para obtener la candidatura a la presidencia, sin importar encima de quién pasara.

Fue el momento en el que se rompió la tersa relación de los primeros años del actual gobierno federal con el Partido Acción Nacional. Quedaron atrás los tiempos del Pacto por México y Ricardo Anaya emprendió una “despiadada” campaña en contra del presidente Enrique Peña Nieto, del gobierno federal y del PRI.

En sus aspiraciones por la silla presidencial, el llamado “chico maravilla” descalificó la corrupción de la actual administración en spots, declaraciones a la prensa y anuncios publicitarios. Al mismo tiempo que él promocionaba su imagen, arremetía en contra de sus futuros contrincantes electorales. Se desmarcó y desmarcó completamente a su partido del gobierno peñista y de la luna de miel que vivieron al inicio del sexenio con el Pacto por México.

Los triunfos electorales de Anaya (en alianza con el PRD) del 2016 y el hecho de haber humillado al poderoso Manlio Fabio Beltrones, en un debate televisado, lo catapultaron y convirtieron en enemigo declarado del gobierno.

Por su puesto que, en los Pinos esta afrenta no la iban a dejar pasar. Hoy somos testigos del precio que esta pagando la osadía del candidato de la Coalición por México al Frente. La venganza de Peña Nieto esta en marcha y no cejará en su empeño por sacar a Ricardo Anaya de la boleta electoral, aunque el verdadero enemigo a vencer sea Andrés Manuel López Obrador.

Eso explica porque la guerra sucia no es contra el político tabasqueño sino contra el insolente joven queretano.

Por cierto….

Consumo o adicción. La presencia de narcomenudistas en la UNAM ha dejado al descubierto la enorme demanda que hay en la máxima casa de estudios de consumo de estupefacientes. Profesores, estudiantes e incluso trabajadores compran a plena luz del día carrujos de marihuana y dosis de cocaína. Es evidente que si no hubiera clientes no habría vendedores. Los narcomenudistas lo saben y ven en el campus universitario un gran mercado para su ilegal negocio. El problema no es fácil de resolver y menos cuando ha comenzado a escalar la violencia al interior de la propia Universidad, toda vez que los vendedores de drogas, al ver que pueden expandir su negocio se están disputando el jugoso espacio que representa esta plaza.