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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Febrero 27, 2017

Los encantos del autoritarismo

A nivel mundial gana terreno los gobiernos Autoritarios, ¿Porque? Según la investigación de Human Rights Foundation, los ciudadanos de 94 países sufren bajo regímenes no democráticos, lo que significa que 3,97 mil millones de personas están actualmente controladas por tiranos, monarcas absolutos, juntas militares o regímenes autoritarios competitivos.

Esto es el 53 por ciento de la población mundial. Estadísticamente, entonces, el autoritarismo es uno de los mayores desafíos que enfrenta la humanidad.

¿Qué lleva a una nación a votar por un líder mesiánico? ¿Qué lleva a apoyar a un personaje populista? ¿Entendemos las consecuencias? ¿Porque nos seducen? ¿Alcanzamos a comprender lo que buscan los personajes antisistema?

La personalidad de estos dirigentes es heterogénea, es decir los hay solitarios y extrovertidos, valientes y cobardes, geniales y mediocres. Sin embargo, a pesar de su diversidad, todos tienen dos rasgos en común: son carismáticos y vanidosos.

Dos cualidades que les permiten engañar, convencer, inspiran gran devoción, defensas viscerales, que nublan el juicio del electorado. Dominados por el canto de las sirenas, es incapaz de notar el engaño.

Personajes como Donald Trump, Vladimir Putin, Nicolas Maduro, Recep Tayip erdogan, Xi-Xinping, Kim Jong Un, Todos han denostado a la prensa, todos han calificado de enemigos de la patria a aquellos que no piensan como ellos, todos hablan de acabar con un sistema que genera grandes asimetrías sociales.

Aprovechan el desprestigio de las instituciones, y convencen los cansados ciudadanos, que el problema es todo el sistema y no las personas que están al frente del mismo. Sin embargo, la experiencia muestra que una vez que toma el poder, el caudillo populista no destruye el sistema, sino que lo moldea a su conveniencia. Con ello, da al traste con mucho de lo bueno que las sociedades democráticas han construido a lo largo de décadas e incluso siglos.

Para ellos y sus fieles, existe un enemigo común: La prensa, esa que no se pega a sus dictados, que se atreve a cuestionar, a denunciar sus actos.

El presidente ruso, ha embestido implacablemente a la oposición política y se ha dedicado a aplastar la libertad de expresión. Hoy el presidente venezolano, Nicolás Maduro, dirige un régimen que regularmente encarcela a los disidentes. Recep Tayyip Erdogan, ha cerrado 149 medios de comunicación, más de 2.000 escuelas y universidades en Turquía. En Corea del Norte, Kim Jong Un encabeza el gobierno más totalitario de la Tierra, con una vasta red de campos de concentración que recuerda a la Cambodia del Pol Pot y a la Polonia ocupada por la Alemania nazi. Donald Trump fustiga todos los días a los medios independientes y su gobierno ofrece no la verdad, sino hechos alternos.

Cuando un caudillo populista arremete contra los medios en cualquier parte del mundo, está amenazando a una de las instituciones sobre las que está fundada la democracia y con ello hace peligrar a la democracia misma. Quieren acabar con la libertad de información porque saben que su forma de hacer política irremediablemente cae en la mentira y la contradicción.

Kirk Hawkins, profesor de la Universidad Brigham Young de Estados Unidos y estudioso del tema, recuerda que una buena forma de definir el populismo es como un “discurso político maniqueo que plantea una lucha entre la voluntad del pueblo frente a la de las élites”. Y a pesar de lo seductor que resulta escuchar o leer esto, el problema, es que a menudo los gobiernos populistas menoscaban las libertades civiles y políticas de TODOS.

Si la injusticia y la opresión no fueran suficientemente malas, vale la pena recordar que las naciones libres tampoco van a la guerra entre sí. Los dictadores están siempre en guerra, a menudo con una potencia extranjera y siempre con su propio pueblo.

Sin duda, el sistema necesita de arreglos, en México y en cualquier parte del mundo. Pero la casa no se salva destruyéndola.