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COLUMNAS: Vaivén Político
Miguel Luna
Miguel Luna
Reportero y cronista radiofónico
octubre 3, 2017

Los sismos del 85 y del 17

La historia se repitió y la tierra volvió a sacudir las entrañas de la ciudad de México. Como hace 32 años un terremoto causo devastación en la gran urbe. Casualidad o coincidencia, no lo sé, pero volvió a temblar un 19 de septiembre, fecha fatídica para los capitalinos.

El sismo del 2017 no tuvo la misma intensidad que el de 1985, tampoco provocó el mismo desastre, pero, la tragedia es la misma y se vive con la misma intensidad, y se enfrenta con la misma fortaleza.

Edificios y casas colapsadas, personas atrapadas en los escombros y miles de voluntarios que se volcaron a las calles de la capital de la república para solidarizarse con los que estaban en desgracia. La historia se repite.

A diferencia de lo ocurrido hace 32 años, en esta ocasión la respuesta del gobierno fue oportuna, más no por ello eficaz. Las autoridades federales se vieron sorprendidas y rebasadas, sobre todo, porque acababa de pasar el sismo del 7 de septiembre que daño seriamente municipios de Oaxaca y Chiapas. La ayuda gubernamental se tuvo que redoblar.

El apoyo se ha brindado en todas las entidades afectadas, pero ha sido insuficiente y los recursos económicos no alcanzan.

Martes 19 de septiembre. 13.14 horas. ¿Está temblando? ¡Tiembla, salgan! La tierra comienza a moverse intensamente sin previo aviso, sin decir “agua va”, sin que sonará la alerta sísmica. El movimiento es lateral, de un lado para otro, intenso, muy parecido al de 1985.

El simulacro realizado un par de horas antes, es eso, solo un simulacro. Queda en el olvido. La gente corre despavorida. Quizá hay más conciencia sobre las medidas de protección civil que hace tres décadas, pero el miedo, el susto es el mismo. Lo cierto es que, nunca estaremos preparados al cien por ciento para un fenómeno natural de dimensiones y consecuencias desconocidas.

Minutos de angustia que parecen horas. Salvar la vida es lo primordial. La comunicación se complica. Desconocer cómo está la familia, padres, hijos, hermanos, genera más psicosis.

El saldo se va conociendo conforme pasan las horas. Edificios y viviendas caídos en las delegaciones Cuauhtémoc, Benito Juárez, Tlalpan y Xochimilco, principalmente. Los servicios de emergencia no se dan abasto. Ambulancias por aquí, patrullas por allá, bomberos en otro lado. Salen al paso el Ejército y la Marina, salen al paso voluntarios, espontáneos que sin esperar nada a cambio invierten horas de trabajo y esfuerzo. Resalta la labor de jóvenes, muchos jóvenes que se solidarizaron con la tragedia.

Se repitió la historia. 2017 diferente a 1985 en cuanto a magnitud y devastación, pero la tragedia es la misma. Exactamente 32 años después un terremoto volvió a sacudir la ciudad y exactamente 32 años después volveremos a levantarnos gracias a la solidaridad de la población.

Han pasado dos semanas y la angustia de escuchar en cualquier momento la alerta sísmica, que no solo alerta sino alarma, es indescriptible.

Por cierto…

Solidaridad u oportunismo. Los partidos políticos no han desaprovechado la oportunidad de sacar raja electoral de la tragedia del sismo del 19 de septiembre. Como siempre, buscan agraciarse con la ciudadanía y con los eventuales electores de cara al 2018. Están enfrascados en una guerra de cifras por ver quién dona más recursos para los damnificados. Lo que se les olvida es que no es dinero suyo sino de la población que, a través de los impuestos, los mantiene y les permite muchos lujos y derroche en campañas electorales. Nadie cree que se hayan convertido en almas caritativas. Detrás de sus mezquinas intenciones hay gato encerrado.

Twitter: @miguelunaflores