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COLUMNAS: Entre caballeros
Daniel Rosas
Daniel Rosas
Amante de la vida, de las tecnologías de la comunicación y emprendedor
Mayo 18, 2017

No es que seamos más que otros

“Yo no entiendo por qué hacen tanto alboroto por el asesinato de otro periodista, sólo van 6 este año; en cambio todos los días matan a mujeres y no por ello paramos actividades…”

Entiendo el comentario que me hicieron y cuyo fragmento reproduje arriba. Una mujer me preguntaba si nosotros los periodistas nos sentimos más que los demás, si nos sentíamos tallados a mano sólo porque somos famosos ya que salimos en los medios de comunicación.

Primero, Caballeros, me disculpo por ocupar este espacio en el que prometí, tocaría temas no tan densos y políticos.

Segundo, quiero aclarar que ni somos famosos (salvo los conocidísimos casos) y no se trata de que seamos más que otras personas, como tampoco los son los servidores públicos, los religiosos o los artistas.

Es la actividad de una persona la que puede hacer relevante su asesinato. Si hoy me matan en un asalto, sólo mi familia y amigos lamentarían mi deceso; pero si me matan por motivos de mi trabajo como reportero, ello representaría coartar la libertad de expresión. Lo mismo que si matan a “Chuchito Pérez” o a “Juanita Hernández” por publicar algún suceso; es decir, no somos las personas sino nuestra profesión lo que en este caso hace grave el homicidio (como si ya de por sí, un asesinato no fuera por sí mismo lamentable).

Si matan a un diputado, por ejemplo, sería igualmente grave no por la persona (independientemente del descrédito que tiene la clase política) sino por el cargo, porque representa la voluntad de un sector de la población. Igual que los sacerdotes que alzan la voz, igual que los activistas, defensores de derechos humanos o incluso artistas.

El asesinato de Javier Valdez es relevante no es porque sea mejor que las miles de mujeres asesinadas, o los normalistas desaparecidos, o las víctimas cotidianas de crímenes del fuero común (sin demeritar por supuesto su trabajo, que tantos premios y reconocimientos le valió), no; es relevante porque significa que hay un “poder” que no quiere que ciertas verdades sean conocidas, es relevante porque hay “otro poder” que se volvió copartícipe por complicidad u omisión.

La Procuraduría General de la República, tiene una Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, con un titular recientemente nombrado: Ricardo Sánchez, quien ahora tiene la titánica labor de avanzar los cientos de expedientes que han quedado sobre el escritorio por denuncias de homicidio, agresión o desapariciones.

De acuerdo con la Subprocuraduría de Derechos Humanos, Prevención del Delito y Servicios a la Comunidad de PGR, entre 2000 y 2017 han ocurrido 114 homicidios de comunicadores, de los que la FEADLE sólo atrajo 48.

Históricamente en los años recientes, Veracruz ha sido una de las entidades con el mayor número de agresiones hacia periodistas (muchas consideradas de tinte político), en el caso de Javier Valdez, el sentido común hace suponer que fue el crimen organizado el que tomó su vida; dirán que por ello la investigación va a ser todavía más rigurosa… y más complicada.

Pero qué esperar, si sólo se trató de un periodista que decidió asumirse como tal; que dejó de ser un vocero o reproductor de boletines de prensa, que dejó de ser un reportero de escritorio o de estudio o de foro; para seguir haciendo investigación.

No tuve el gusto de conocer a Javier Valdez, salvo por su trabajo; pero precisamente por su trabajo con su semanario Río Doce, es que es fácil adivinar el motivo de su asesinato.

DESDE MI TRINCHERA

Una de las máximas del periodismo es objetividad, entendida como mostrar la mayor cantidad de actores posibles involucrados en un suceso noticioso. Por ello es que también me siento obligado hablar de la otra parte.

He sabido de colegas periodistas que han denunciado ante la FEADLE, agresiones por parte de autoridades estatales y municipales. El trasfondo ha sido un intento de presión para obtener contratos publicitarios para sus medios.

En otro caso, policías de Ecatepec hace años, me solicitaron ayuda ya que pseudo periodistas les exigían dinero, a cambio de no publicar notas de denuncia. Las publicaciones versarían sobre las “mordidas” que le acomodaban a los automovilistas de la Avenida Central; obviamente ellos negaban sus actos de extorsión y denunciaban los de los supuestos reporteros.

Uno más, el de quienes forman organizaciones de derechos humanos, para poder circular con vehículos irregulares, amparándose en su “labor de prensa, investigación y promoción de las garantías individuales”.

En fin, que hay de todo en la viña del señor y soy enemigo de generalizar. Pero dudo mucho que el homicidio de Javier Valdez haya sido para obtener contratos publicitarios, por presión de policías o por hacerse pasar por lo que no era.

Como siempre espero sus comentarios: en twitter: @DanielRosas_ en Facebook DanielRosas3.0.