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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
mayo 2, 2018

Origen es destino

El caso de los 3 estudiantes de cine desaparecidos no es ninguna excepción, ni casualidad, es la regla, los jóvenes mexicanos son los más afectados por la violencia producto del crimen organizado, ya sea porque la generan o la padecen.

Los datos duros son escalofriantes, en 2015 murieron 34 mil 060 personas de entre 15 y 29 años, es decir el 35.7 por ciento de todos los homicidios registrados en ese lapso. Además, la tercera parte de los desaparecidos son jóvenes.

Hemos relatado casos muy tristes como el de Villas de Salvárcar, el de Tierra Blanca, Tonalá, y por supuesto Ayotzinapa-Iguala, donde la mano del crimen organizado se ha ensañado con aquellos que viven de forma diferente.

Los jóvenes están dentro de una espiral de violencia tanto de víctimas como victimarios en la que el narcotráfico se consolida en su papel de juez y empleador, del que ofrece un futuro, pero cancela otro.

Van 11 años de una guerra desgastada, de una estrategia rebasada e insuficiente. Las nuevas generaciones crecieron en ambientes caracterizados por la pobreza y el miedo, en los que las bandas del crimen organizado se dieron a la tarea de reclutar niños y adolescentes para ensanchar sus dominios.

Vidas caracterizadas por la disfunción familiar, por una miseria que los obliga a la inmediatez, donde el futuro es incierto y predomina una socialización que por regla obliga a sacar el mayor provecho con el menor esfuerzo.

Las subculturas criminales echan sus raíces en las barriadas populares y ante la “expulsión” de los niños y jóvenes de los canales establecidos para ascender en la pirámide social, se convierten en una opción hasta aspiracional.

Entonces. la pandilla como grupo social se constituye en una organización que detenta su supremacía en un territorio determinado y en gran medida es una toma de poder, idóneo para las actividades relacionadas al narcotráfico.

La telaraña es próspera en la medida en que las instituciones sociales en México han expulsado a los chavos y es el narco o la delincuencia los que llenan esos espacios. Los videos protagonizados por el rapero QBA, quien disolvió a los estudiantes de Tonalá, son el mejor ejemplo, imágenes violentas, donde proliferan las armas, la agresividad, el discurso violento que envalentona al criminal, miles, miles de vistas, de visitas, es decir miles de ojos que disfrutan de eso, que se identifican con ello

El maestro Héctor de Mauleon cito un estudio del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, que desnuda la personalidad de los jóvenes que pertenecen al Cartel de Jalisco Nueva Generación, producto de familias donde no hay antecedentes penales, pero si poca preparación académica, los padres apenas terminaron la educación primaria. Son de zonas rurales, pequeñas localidades, todos dejaron la escuela para trabajar, lo intentaron de forma honesta, incluso se involucraron con el ejército, la policía, cruzaron la frontera, pero…

Lejos de la familia, sin oportunidades, despreciados por un sistema, fueron seducidos por una organización criminal que, con mil 200 pesos a la semana, consigue un ejército desechable.

Bajo la óptica de encontrar a los culpables, el Estado convierte a los jóvenes en sujetos incómodos, en una sociedad “en la que se puede echar la culpa de todo; es por esto que se presenta la criminalización y ésta a su vez muestra un estado debilitado y medios de comunicación altamente cuestionables.

La violencia trasciende las frecuencias de Radio, la vemos en las casas, en las relaciones más cercanas, con palabras que causan daño, con tonos de voz elevada, con relaciones que nos están afectando psicológicamente, emocional y físicamente, y las vemos entre esposos, de padres a hijos, entre hermanos, entre vecinos y en el seno de la comunidad a la que pertenecemos.

Algo falló en la infancia de los corruptos, los secuestradores, los narcotraficantes, los asesinos. Seguramente faltaron el afecto, el ejemplo edificante de una figura adulta, la educación, la alimentación, el estímulo y el juego.

Difícilmente podemos comenzar a pensar en arreglar lo que está mal en México, cosa que nos tomará una o dos generaciones, si no comenzamos por la niñez.

Urge que el próximo gobierno atienda las necesidades del sector rural, de los sectores marginados, generar las oportunidades para que puedan salir de la pobreza, concentrarse en erradicar la deserción escolar, mejorar los salarios de los padres, si no fortalecemos nuestro tejido social, seguiremos hablando de sicarios cada vez más jóvenes. Un buen día nos enteraremos de un niño de 8 años que es experto en disolver cuerpos.