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COLUMNAS: La Última...
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
julio 9, 2018

¿Por qué AMLO?

Andrés Manuel López Obrador y su MORENA le dieron una verdadera paliza al PAN, PRD, PRI, etc. Fue una victoria contundente, aplastante.

Existen muchas aristas sobre este triunfo, las del fanático, las del simpatizante, que no ven más allá de la empatía con su candidato, la de los perdedores quienes tachan de retrógrados, huevones, e irresponsables a quienes apoyaron al tabasqueño, pero esto no se limita a una situación de amor y odio.

Hay que dejar de lado la polarización de las campañas para entender este fenómeno, y la responsabilidad que recaerá en el nuevo Gobierno.

Lo comentamos durante toda la campaña, una elección es un referéndum sobre la autoridad en turno, y en ese sentido la administración de Peña Nieto no salía bien parada, los índices de violencia, la desigualdad, la corrupción, marcaron su destino.

Era imposible que se mantuvieran en el poder. Hoy sufrió la peor derrota de su historia. Más que merecida.

Su candidato presidencial, José Antonio Meade, recibió el 16.4 por ciento de la votación nacional, 5.6 puntos porcentuales menos que lo que había obtenido Roberto Madrazo en 2006. A partir de la próxima legislatura tendrán 14 senadores y 42 diputados, no ganó ni una de las nueve gubernaturas que estaban en juego. Gobernará sólo en 13 entidades de 32, la gran mayoría estados poco poblados.

En la joya de la corona que todavía gobiernan, el Estado de México, el PRI salió derrotado el domingo. Gobernará en 19 de los 125 municipios, ninguno de ellos de los más poblados.

Por donde se vea, un desastre. El voto de castigo funciono y esa es una buena noticia para el país, tan mal hizo las cosas el PRI en su regreso que la gente ya no se lo perdono.

La gente no estaba enojada como reiteradamente lo mencionaron los analistas, estaba harta cansada de lo que veía y sentía, en carne propia. Las decisiones que se toman cuando uno no tiene nada que perder no provienen de la “víscera” o la “tripa”, provienen de un mundo en el que el riesgo no existe. No hay riesgo porque cuando nada se tiene o cuando poco se ha ganado, experimentar, es menos costoso.

Se nos olvida que vivimos en el México en el que muchos han ganado casi nada. Y en el que muchos de los principales indicadores de bienestar económico han permanecido prácticamente sin cambios en la última década.

En este México, no hay enojo, simplemente no hay nada que perder porque en los últimos dos sexenios no ha habido un avance suficientemente significativo por el que valga la pena aferrarse.