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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
julio 17, 2017

Socavón moral

El socavón de ocho metros de diámetro y 16 de profundidad, que provocó la muerte de dos personas el miércoles en la autopista que une Cuernavaca con la Ciudad de México- inaugurada hace tres meses- ha dejado al descubierto las prisas y la indiferencia con la que las autoridades recibieron las quejas de los vecinos ante lo que consideraban una obra mal hecha.

Pobladores, gobierno local y protección civil habían advertido de las fallas en una de las carreteras con más tránsito del país, sin que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) actuara en consecuencia.

El rosario de deslindes estuvo a la orden del día, conforme pasaron las horas todos se echaron la pelotita, el secretario de Gobierno de Morelos, dijo que la obra se inauguró sin estar terminada.

Sin embargo, junto al mandatario Peña Nieto, en la foto oficial de abril estuvo también el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, a quien el accidente tomó haciendo proselitismo político en la lejana Monterrey, pero cuya administración se suma ahora a las críticas a la SCT.

Vamos por partes, la obra se inauguró hace 3 meses, se entregó con un retraso de más de un año, su costo fue del doble de lo presupuestado inicialmente, perdón, pero no puede colapsar por ninguna razón natural.

Seamos claros, colapso por corrupción, por negligencia, pero no por obra y gracia de Walter mercado, NO es un mal rato, no es un accidente es una muestra de los males que aquejan a nuestro país desde hace muchos años.

Las fallas en la zona de la obra, el reblandecimiento del terreno, la posibilidad de que se produjeran socavones, estaba denunciada desde una semana antes del desplome. Incluso, el gobierno local realizó obras para tratar de mitigar las fallas que se percibían a simple vista.

Que ahora se nos diga que en realidad todo se debió a un drenaje que pasa por debajo de la obra y se saturó por la lluvia es inadmisible y en todo caso, si fuera así, uno se imagina que cuando se hace una obra de tal magnitud, se toma en cuenta todo lo que está debajo de ella, desde los drenajes hasta las dinámicas de suelo.

Esto fue obra de la opacidad en el servicio público, del amiguismo en la entrega de concesiones, es un fracaso del estado, porque es el estado el responsable que esto no suceda, dos muertos, una familia jodida porque el estado que mantenemos con nuestros impuestos es tan corrupto que le vale madre la ética.

NO basta con la promesa de sanciones, de realizar peritajes, de que se investigara, de que se pagaran los gastos funerarios.

Las evidentes omisiones que rodearon esta tragedia podrían conducir a acciones legales que podrían iniciar la familia de los afectados, autoridades federales, estatales, legisladores, porque la simple remoción de funcionarios no basta para solucionar este problema, que seguramente esta en otras obras.

Debe irse y enfrentar consecuencias Gerardo Ruiz Esparza, el hombre clave de Peña Nieto en el manejo de recursos al que ha defendido contra viento y marea, incluso al interior del Grupo Atlacomulco.

En esta ocasión no solo hablamos de millones de pesos involucrados, sino pérdidas humanas, esto es algo indignante, doloroso.

México no puede más con la impunidad, nos está carcomiendo, pudre nuestras estructuras como sociedad, abre un socavón moral que tardar muchos años rellenar.