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COLUMNAS: La Última...
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
octubre 17, 2017

Un avance para atrás

Siete décadas después de que Europa se destruyera a sí misma, el espectro de la ultraderecha vuelve a ser una de las grandes amenazas a las que se enfrenta el proyecto comunitario.

Es cierto que en este 2017 respiramos con alivio tras los comicios en Holanda y Francia en los que la ultraderecha obtuvo resultados por debajo de sus expectativas. Sin embargo, Los resultados de Alemania y Austria vuelven a prender los focos de alerta y confirman que lejos de estar en retroceso, esta ideología copa desde hace más de una década importantes espacios de representación en el Viejo Continente.

Hoy formaciones ultranacionalistas y extremistas gobiernan en países como Hungría o Polonia, desafiando constantemente con sus políticas a Bruselas.

La ultraderecha se nutre del descontento social que han provocado la crisis económica y desafíos tan complejos como la inmigración o la globalización. Sin olvidar que existe una correlación directa entre la profunda crisis de los partidos institucionales y el auge progresivo de la extrema derecha nacionalista y xenófoba.

El electorado, las bases sociales de apoyo, van pasando de un bando a otro, no solo por su versatilidad e incoherencia, sino también, y más peligrosamente, porque los discursos de extrema derecha dan la impresión de sintetizar con simplicidad y eficacia sus aspiraciones frustradas.

En casi todos los países europeos, se registra una “derechización” de la retórica política, y una participación mayor de movimientos reaccionarios, portadores de visiones del mundo que hicieron derivar a Europa hacia la barbarie en los años treinta del siglo XX.

Ni la memoria del horror, ni la defensa de los valores humanistas, ni los incontestables acerbos propiciados a menudo por la izquierda cuando llega al poder, son rivales capaces de calmar la rabia y contrarrestar la desesperanza que empuja a millones de ciudadanos a identificarse con estos proyectos

En Francia, en Alemania, en Italia, en Bélgica, en los Países Bajos, en los países nórdicos, el proceso es siempre igual: los electores van optando por la extrema derecha sin adherirse intrínsecamente a su discurso, únicamente para castigar la política de los Gobiernos y, de elecciones en elecciones, consiguen dar estabilidad y arraigo político a su discurso.

La Gran Recesión de 2008, de la que no hemos salido, ha puesto en evidencia la caducidad integral de los proyectos tanto del neoliberalismo como del social-liberalismo disfrazado, a veces, de socialdemocracia.

 Partes importantes de la población están sufriendo procesos de empobrecimiento, de precarización, de regresión de su estatus social, que dañan radicalmente sus proyectos de vida, sus aspiraciones, su porvenir. Culpan al mundo entero, Europa, los inmigrantes considerados como peligrosos competidores.

Hemos de entender que, el famoso “populismo” no es más que una respuesta, confusa pero legítima al sentimiento de abandono de las clases populares de los países desarrollados frente a la globalización desatada y el aumento de la desigualdad.

La irrupción de Donald Trump en EUA o el avance de los ultras en el viejo continente, son expresión de que, desde posiciones ultraconservadoras, va cuajando una respuesta a las preocupaciones de buena parte de la población de los países más desarrollados sobre un futuro amenazante.

La líder del Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, habla de “el despertar de los pueblos de Europa central, una nueva era”. Su colega holandés y líder del Partido por la Libertad Geert Wilders, ha hablado de “la revolución que liberará a los pueblos europeos del autoritarismo de Bruselas” y les permitirá recuperar el poder y su destino. “Vamos a recuperar nuestro país y nuestro pueblo”, dijo Alexander Gauland, de la Alemania extremista que regreso al parlamento después de décadas.

Ayer América mañana Europa, gritan estos y otros líderes de una tendencia Xenofóbica, aislacionista, nacionalista racista e ignorante que amenaza con regresar al mundo a sus peores épocas.