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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
agosto 21, 2017

Una inmoralidad más

Seis mil millones de pesos es el presupuesto que tendrán los partidos políticos para 2018, luego de que el Instituto Nacional Electoral (INE), aprobara esta cifra que ha sido la más alta en la historia.

¿Hasta dónde vamos a llegar? Qué nivel de cinismo, de desvergüenza, mantenemos a un grupo de sujetos que solo llegan a empoderarse, que no cumplen con su trabajo, que saquean nuestras arcas.

Perdón, pero no le duele el estómago al escuchar esto. Son insaciables, y todavía piden aportes a la iniciativa privada, llevan a cabo actos de corrupción, tipo Eva Cadena, o cuotas a sus militantes.  Si tuvieran tantita vergüenza rechazarían los aportes de la IP.

Desde la época clásica, la democracia fue concebida como el método político para que los ciudadanos, pese a sus diferencias, pudieran vivir en regímenes de igualdad y justicia; para que todos pudieran participar en la formación de la voluntad colectiva y cada uno recibiera del Estado los satisfactores a que tiene derecho.

Uno de los principales riesgos de la democracia contemporánea es su conversión en partidocracia. Es decir, en la transformación de un sistema ideado para ciudadanos en uno ideado para los partidos. Que fueran ellos quienes ejercieran el poder y se beneficiaran de su ejercicio separándose de aquellos a quienes habrían de deberse y para quienes están llamados a servir.

Los Partidos Políticos se formaron para llegar al poder y desde ahí cambiar las cosas en beneficio de todos. En Poder es un medio no un fin, lamentablemente en México esto se ha podrido.

Hoy por hoy no hay uno que se salve de la quema de la corrupción, todos tienen integrantes vinculados con el narcotráfico, con el mal manejo de la función pública. ¿Les interesa limpiarse? claro que no, les vale, saben que ellos controlan las reglas, las formas.

El malestar recorre a la política porque su prioridad no son los intereses de la ciudadanía y su marginación de las preocupaciones sociales anula la pluralidad. La vieja tesis de los últimos 40 años de construir un sistema de partidos fuerte con dinero público ha cuajado en caras maquinarias electorales.

Es cierto que la edificación del sistema de partidos no podría darse por generación espontánea y su operación exige recursos, pero no justifican el aumento exponencial de más de 100% desde dos mil 111 millones pesos de 1997.

Desde esa fecha han recibido poco más de 66,478 millones de pesos como financiamiento público federal, según el recuento de cifras del Instituto Nacional Electoral; esto es un promedio de 3,165 millones de pesos cada año. Este monto global fue repartido entre 22 institutos políticos que han existido en el país desde hace 21 años y de los cuales solo nueve subsisten.

Tan solo para su operación cotidiana (gasto ordinario), a nivel nacional han accedido a más de 54,000 millones de pesos en recursos federales, mientras que para realizar campañas electorales han obtenido casi 11,000 millones de pesos.

¿Y alguno se ha quejado? ¿Ha intentado modificar este panorama?  todos tienen padrones inflados que les significa más dinero de nuestros bolsillos.

La partidocracia, representa el encierro de una clase política que ha sido incapaz de construir acuerdos para consolidar la democracia, y por supuesto, para fortalecer el desarrollo del país. Tenemos a un conjunto de actores políticos obsesionados primero con la sucesión presidencial, y luego por quedarse con la presidencia, sin importar los medios para conseguirlo.

La crisis de representatividad perfila 2018 como el punto de quiebre del modelo actual, una encuesta de Parametría señala que el 80 por ciento de los mexicanos, no creen ni confían en los institutos políticos.

La Legitimidad política está acabada. Durante años se achacó al PRI la podredumbre del Gobierno, y es verdad, tiene su responsabilidad, pero a partir del 2000 las cosas tuvieron que ser diferente, sin embargo, la oposición al acceder al poder, no solo presidencial, sino estatal y municipal, (que se dio años antes) se comportó igual que los del tricolor.

Urge exigir transparencia en el manejo de estos recursos, saber de dónde provienen, que tipo de compromisos pactan los políticos al recibirlos y porque, ellos nos deben explicaciones, son, aunque les moleste aceptarlo, nuestros empleados, porque es con nuestro dinero con el que se paga su sueldo.