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COLUMNAS: Soliloquio
Samuel Mancilla
Samuel Mancilla
Amante del conocimiento y buscador de la verdad
septiembre 4, 2018

#VerificadoFBMX

Estamos en periodo de transición; todavía no termina un gobierno y el siguiente ya se está preparando para los retos que el tiempo mismo le pondrá por delante e inevitablemente tendrá que enfrentar.

De nueva cuenta, estamos ante una oleada de acciones ciudadanas absolutamente reprobables, resultado de la incompetencia de las autoridades, el hartazgo social ante la inseguridad y la credibilidad casi incuestionable que se le ha dado en los últimos años a prácticamente todo lo que se publica en redes sociales.

En las últimas semanas, han comenzado a circular en Twitter y Facebook publicaciones de avisos sobre robo o extravío de menores. Fotografías de niños(as) y adolescentes (principalmente mujeres) acompañadas con datos generales de los mismos, ropa que portaban y el lugar, fecha e incluso hora de la desaparición o pérdida del rastro de los mismos, solicitando al público en general ayuda para localizarlos a la brevedad.

A pesar de que existen recursos formales tales como la Alerta AMBER para denunciar la ausencia de alguna persona, todo usuario de redes sociales que experimenta el trago amargo de tener a un familiar desaparecido, recurre a esos medios esperando tener una solución más rápida ante el tortuguismo que caracteriza a las autoridades.

Lamentablemente, como en el caso de los saqueos cometidos por presuntas antorchitas en años previos ante los gasolinazos, la gente pierde el criterio para corroborar si la información difundida es totalmente cierta y comienza a retwitear o compartir la información generando histeria colectiva y descontento social por casos que, sin restarle importancia o gravedad al asunto, son un bajo porcentaje en comparación con el número de menores que puede haber en una comunidad.

No falta el usuario de redes que asegura haber visto a un(os) sujeto(s) vestido(s) de cierto modo a bordo de un vehículo de determinadas características rondando una escuela, mercado o espacio público actuando de modo sospechoso, y en cuanto alguien más ve cerca de su colonia algo similar, sin elementos de prueba señala o acusa de secuestrador o roba niños a algún inocente; como tampoco falta en medio de una turba quien arengue con matarlo de la peor forma que se pueda concebir, “para que se le quite”.

Por más inseguridad que haya en el entorno donde nos desenvolvamos, no podemos cegarnos por la ira y actuar escudados en el anonimato que proporcionan las masas, tomando la justicia en nuestras manos y fungiendo de jurado y verdugo a la vez.

Aunque la exigencia de seguridad y resultados en el combate a la violencia es legítima, nuestro deber es denunciar y colaborar con las autoridades encargadas, proporcionando toda la información disponible.

Ya van por lo menos dos casos en la última semana, donde después de haber cometido la saña de quemar vivos a los imputados, las autoridades informan que se trataba de inocentes a cuyas familias solo les queda el dolor de haber perdido a un ser querido y para quienes no puede haber reparación del daño como víctimas de turbas enardecidas.

Necesitaremos como después del sismo del 19 de septiembre de 2017 y durante las campañas políticas de 2018, corroborar toda la información como lugar y fecha antes de volver a compartir indiscriminadamente cualquier nota, imagen o video en redes sociales de ahora en adelante.

La actual y próxima administración, deberán seguir trabajando con ahínco para combatir la inseguridad a fin de evitar más casos de mártires víctimas de la psicosis colectiva y falta de criterio para verificar un rumor.

@InforMancilla